Me recuerdas tanto a mí que en ocasiones me asusto. Tu gestos, tus caras, tus palabras e intereses...
Me recuerdas tanto a mí que me preocupas por lo que me conozco.
Pero sabe hijo que te tengo toda la confianza porque tras tanta dulzura eres fuerte como un roble. Tu cabeza no deja de deslumbrarme. Te adoro.
